Mis dos viajes astrales: experiencia real y qué aprendí
- Energía Reiki Kundalini Escuela Holística
- Percepción energética, Despertar Espiritual, Viaje Astral, Péndulo Hebreo
- 0 comments
Durante seis meses seguidos practiqué cada día para conseguir un viaje astral. Cada siesta de aquel verano, en lugar de dormir, me tumbaba boca arriba, ponía en práctica todo lo que había aprendido en blogs y vídeos de YouTube, y esperaba. Nada. Ni una sola vez conseguí salir.
Me sentí tan frustrada que decidí invertir 500 euros en un curso especializado. Pensé que quizás me faltaba alguna técnica, algún detalle clave que no estaba viendo. Pero cuando empecé el curso, me di cuenta de que todo lo que enseñaban ya lo había visto yo por mi cuenta. Y lo peor: tampoco me sirvió para salir al astral.
Después de tantos meses intentándolo sin resultado, lo dejé. Me sentí defraudada. Con el tiempo fui olvidándose de ello, aunque de vez en cuando seguía viendo algún vídeo o leyendo sobre el tema, más por curiosidad que por ganas reales de volver a intentarlo.
Lo que nadie te dice: no todas las personas tienen el cuerpo astral igual de "suelto"
Con el tiempo me di cuenta de algo que casi nadie menciona: hay personas que tienen el cuerpo astral más ligero, más desapegado del cuerpo físico. Esas personas salen al astral con facilidad, incluso sin proponérselo. Pero hay otras, como yo, que somos muy terrenales, muy pegadas a tierra. Para nosotras, salir al plano astral es muchísimo más difícil. Si fuera fácil para todo el mundo, nadie necesitaría cursos ni técnicas.
Yo soy de las que no salen ni a la de tres. Y eso no significa que sea imposible, pero sí que requiere algo más que técnica y voluntad.
Julio de 2023: las tres sesiones que lo cambiaron todo
Poco después de aquel curso, en julio de 2023, mi hijo se fue de vacaciones a Mallorca con su novia. Me quedé sola en casa y aproveché para pedirle a mi ayudante de la escuela —la persona que realiza las sesiones de péndulo hebreo para nuestros alumnos— que me hiciera un trabajo energético profundo.
Le pedí tres sesiones específicas, que se hacen en la Energía Reiki Kundalini Escuela Holística:
Reprogramación energética: limpieza de energías negativas, entidades pegadas, larvas astrales y todo lo que pueda estar bloqueando los cuerpos sutiles.
Conexión con el Ser Superior: una vez limpios los cuerpos, se abre el canal para conectar con esa parte más elevada de ti.
Conexión de los canales espirituales: para desbloquear y activar la percepción y la conexión con planos más sutiles.
Ella trabaja mientras la persona duerme, porque así no hay expectativas, nervios ni interferencias mentales. Suele hacerlo a las doce de la noche o a las dos de la madrugada. Esa semana me hizo las tres sesiones seguidas en dos noches: domingo y lunes.
Y fue justo esas dos noches cuando sucedió algo que jamás olvidaré.
Primera experiencia: domingo por la noche
Estaba durmiendo en mi cama, con mis dos perritas pequeñas a mi lado. De repente me desperté con un retumbar horrible en la cabeza. Nunca me había pasado algo así. La cabeza me vibraba de una forma tan intensa y molesta que me eché las manos a la cabeza y me senté de golpe en la cama, agarrándome con fuerza. Escuchaba hasta un ruido enorme como si fuese el ruido insoportable de un generador o algo parecido. Sonaba como " brrrrrrr", muy fuerte y acompañaba el retumbar de las vibraciones en mi cabeza.
Las vibraciones eran insoportables. Pero de repente, pararon.
Y en ese momento me di cuenta: "Ostras… si estoy en el astral".
Al pensarlo, me vi de pie encima de la cama. Miré a un lado y vi un bulto negro pequeñito que debía ser una de mis perritas. En ese instante, mi cuerpo desprendía una luz tenue, como si hubiera una vela encendida en la habitación. No estaba todo completamente a oscuras: había una iluminación suave que me permitía ver. Me di cuenta de que esa luz salía de mi propio cuerpo astral.
En ese momento recordé lo que siempre me había prometido a mí misma durante mis meses de práctica: si alguna vez salía al astral, lo primero que haría sería pedir ver a mis guías espirituales, porque dicen que en el astral, lo que pides lo tienes al instante.
Así que empecé a gritar (sin voz, pero resonaba en mi cabeza): "¡Quiero ver a mis guías! ¡Quiero ver a mis guías! ¡Quiero ver a mis guías!".
Y entonces, sin darme cuenta, salí por la ventana volando.
Fue tan rápido que apenas vi nada. De repente me encontré en un lugar que parecía una ciénaga, pero no era fea ni asquerosa. Era como un lago muy pequeño, con plantas enormes y gigantes alrededor. Todo era precioso, con colores que no había visto nunca y que al volver del astral no supe describir, pues me di cuenta que solo existen allí. Yo seguía desprendiendo esa luz tenue que iluminaba el entorno y por eso podía ver todo a mis alrededor.
Crucé volando hasta el otro lado de la ciénaga y me posé de pie entre medio de las plantas con flores gigantes y coloridas. Me giré y vi cómo empezaban a salir burbujas del agua: plop, plop, plop. Noté que algo grande estaba emergiendo, como un sapo o un ser parecido.
Me asusté y salí volando cruzando la ciénaga de nuevo, dirigiéndome hacia donde había venido, pero esta vez dando tumbos, girando y rulando por el aire sin control. Era nueva en eso de volar...
De repente aparecí en una plaza que reconocí: era un sitio donde yo solía tomar algo con mi expareja hace años. Vi dos siluetas negras que venían hacia mí. Eran como sombras, igual que cuando te cruzas por la calle con alguien que no conoces.
Les grité de nuevo: "¡Quiero ver a mis guías! ¡Quiero ver a mis guías! ¿Dónde están mis guías?".
Una de las siluetas me hizo un gesto con el dedo, señalando hacia atrás, hacia la otra entidad que venía detrás, y siguió caminando sin más. Le pregunté a la segunda silueta lo mismo, pero no me respondió claramente.
Entonces me vi en la plaza, en el mismo sitio donde había un bar en el que solíamos sentarnos fuera. Esa entidad intentaba liarme, decirme algo que no me cuadraba. Le dije: "Déjame en paz, mentiroso", o algo así.
Y ahí volví al cuerpo.
Me desperté completamente consciente de todo lo que había pasado. Miré la hora: eran las dos y veinte de la madrugada, más o menos. Y entonces lo entendí: mi ayudante debía haber empezado la sesión de péndulo hebreo que le encargué, justo en ese momento. Seguramente me había puesto alguna etiqueta energética que soltó mi cuerpo astral.
Me quedé toda la noche sin dormir, rememorando cada detalle, con miedo de olvidarlo. Han pasado tres años y lo recuerdo como si hubiera sido ayer.
Segunda experiencia: lunes por la noche
Al día siguiente, lunes por la noche, me volví a dormir. Esta vez estaba de lado (nada de boca arriba ni posturas especiales como las que había practicado antes). Y de repente, otra vez: unos temblores tremendos en la cabeza.
Abrí los ojos y ya estaba en el astral. Esta vez me vi de pie en la cama, pero mirando hacia el lado derecho en lugar de hacia la almohada. Estaba que no me lo creía, ¿dos veces seguidas?.
Tengo que decir que en el astral eres igual de consciente que aquí en el 3D. Yo, sabía que era yo. No me vi, pero me reconocía perfectamente: pensaba lo mismo, sentía lo mismo, sabía lo mismo, etc. O sea, no es que salgas y te conviertas en otra cosa u olvides lo del día a día. No, eres la misma persona. Pero ligera y con poderes de volar, de materializar, y de ver lo que hay más allá. ¡Fantástico!.
Sin yo hacer nada, nada mas pensar que había vuelto a salir al astral salí por el techo de mi habitación hasta el terrado de mi casa, que tiene una sola planta. Me vi subiendo por la valla, antes de llegar a la cancela. Y entonces vi a alguien apoyado en la barandilla del terrado, de espaldas a mí, fuera del terrado pero apoyado en la valla.
Me acerqué.
Era yo misma.
Mi doble cuántico, o una entidad disfrazada de mí, no lo sé. Pero era mi propia imagen. No me extrañó, porque estaba en el astral y todo parecía tener sentido ahí. Me quedé mirándola y ella me señaló hacia atrás con el dedo, sin decir nada.
Miré hacia donde señalaba y me quedé alucinada: había una planta de fresas gigante. Las fresas eran del tamaño de un balón de fútbol, rojas, brillantes, apetecibles.
Pasé del ser que era yo misma, crucé el portalillo del terrado y me acerqué a una de las fresas. La cogí, la olí. Tenía un aroma maravilloso, intenso, real. Y sin poder contenerme, le pegué un mordisco.
Hummmmm que rica. El sabor era increíble. Pero la emoción fue tan grande que me eché para atrás… y volví al cuerpo.
Me desperté de golpe.
Ya había leído que cuando sientes una emoción muy intensa, sea positiva o negativa, el cuerpo astral te atrae de vuelta al cuerpo físico a través del cordón de plata. Y eso fue exactamente lo que me pasó.
¿Por qué solo me pasó esas dos noches?
Desde entonces, mi ayudante me ha hecho muchas otras sesiones de reprogramación energética. Pero nunca más he vuelto a salir al astral.
Creo que fue la combinación de esas tres sesiones juntas que me hizo una detrás de otra, lo que permitió que mi cuerpo astral se soltara lo suficiente como para salir.
Fueron dos noches seguidas, domingo y lunes de julio de 2023, y desde entonces no ha vuelto a pasar. Fue algo completamente espontáneo, sin que yo estuviera practicando ninguna técnica ni esperándolo.
Lo que aprendí de estas experiencias
El viaje astral no es cuestión solo de técnica. Puedes practicar durante meses y no conseguirlo si tu cuerpo astral está muy "pegado" al físico.
El trabajo energético profundo puede abrir puertas que la voluntad sola no puede. Las tres sesiones de péndulo hebreo que me hicieron en la escuela fueron clave.
El cuerpo astral ilumina. Cuando estás en el plano astral, no estás a oscuras. Hay una luz tenue que sale de ti.
Las emociones intensas te devuelven al cuerpo. Ya sea miedo, sorpresa o emoción positiva, si sientes algo muy fuerte, vuelves.
El cordón de plata no se rompe. Mucha gente tiene miedo de quedarse "atrapada" en el astral. Es imposible. El único momento en que el cordón se corta es cuando te estás muriendo, pero entonces ya estás en ese proceso. No puedes quedarte en el astral por accidente.
Pero sobre todo, lo que aprendí es que es REAL. Que muchas veces escuchar a otros llegué a dudarlo porque y no salía. Pero ahora se que hay algo al otro lado. Muchas veces me he preguntado: ¿Y si no es cierto lo que yo creo? ¿Y si como dice algún que otro conocido mio, cuando te mueres, te mueres y ya está?: Pero al hacer esos dos viajes astrales pude comprobar que si, que no solo esta el cuerpo físico y que os relatos que he escuchado son de verdad.
¿Quieres explorar tu potencial energético?
Si te resuena este tipo de trabajo interno y quieres que mi ayudante te hagas las tres sesiones que me hizo a mi ( no te aseguro que vayas a salir, pero que sueltan el cuerpo astral, lo sueltan...) puedes escribirme por WhatsApp (+34 653 611 720)